Hay momentos que no necesitan demasiadas palabras. Una puesta de sol, una noche estrellada, una copa compartida en buena compañía… y, por supuesto, un eclipse.
El próximo 12 de agosto, el cielo nos regalará uno de esos instantes que quedan en la memoria. Y aunque el eclipse será el gran protagonista, hay algo que nos gusta especialmente de estos fenómenos: la posibilidad de detenernos, mirar hacia arriba y compartirlo con alguien especial. Porque contemplar un eclipse también puede ser una experiencia romántica.
Pero, ¿en qué debemos fijarnos cuando llegue el momento? Más allá de ver cómo la Luna va ocultando el Sol, hay pequeños detalles que merece la pena observar.
Si has decidido venir a verlo con nosotros, seguro que será algo inolvidable por el entorno natural que nos rodea que nos brindará una experiencia única.
El eclipse empieza mucho antes de la totalidad
Al principio, la transformación será casi imperceptible. La Luna comenzará a avanzar lentamente sobre el disco solar y podremos constatar cómo la luz del día va cambiando poco a poco.
Es interesante observar el entorno mientras sucede. No solamente el cielo, sino también el paisaje, las sombras y la luz. A medida que aumenta la superficie del Sol cubierta, el ambiente irá adquiriendo una apariencia diferente.
Eso sí, es imprescindible observar el Sol únicamente con protección solar adecuada. Las gafas de sol normales no sirven y tampoco las radiografías ni otro tipo de protección. No mires el sol, ni siquiera con las gafas homologadas por periodos de más de 30 sg, seguidos de periodos de descanso, porque puede producirte daños irreversibles en los ojos.
Mira también al paisaje
Cuando pensamos en un eclipse, nuestra mirada se dirige inmediatamente al Sol. Pero hay muchas cosas interesantes que ocurren precisamente a nuestro alrededor. Fíjate en cómo cambian los colores, en las sombras y en la luz que cae sobre árboles y montañas.
En los momentos próximos a la totalidad pueden aparecer incluso las llamadas bandas de sombra, unas franjas de luz y oscuridad que se desplazan por el suelo y las superficies claras. Son muy sutiles y pueden ser difíciles de apreciar, pero forman parte de esos pequeños detalles que hacen especial la experiencia.
Y entonces… llega la totalidad del eclipse
Cuando la Luna cubra completamente el Sol llegará el momento más espectacular.
Durante la totalidad podremos contemplar la corona solar, la tenue atmósfera exterior del Sol que normalmente permanece oculta por su enorme brillo. Alrededor de la silueta oscura de la Luna aparecerá una estructura luminosa, delicada y cambiante.
Y durante apenas unos instantes pueden producirse otros dos fenómenos que merece la pena conocer: las perlas de Baily, pequeños puntos de luz producidos por los últimos rayos solares que atraviesan los relieves de la Luna, y el conocido anillo de diamante, ese último destello brillante que aparece justo antes o después de la totalidad.
Son segundos. Por eso, cuando llegue ese momento, no te distraigas con nada.
Busca también las estrellas
Uno de los efectos más sorprendentes de la totalidad será comprobar cómo el cielo diurno comienza a parecerse, por unos instantes, a un cielo nocturno.
Al desaparecer el intenso brillo del Sol, pueden hacerse visibles estrellas y algunos de los planetas más brillantes.
Es un buen momento para apartar la mirada del eclipse y observar todo el cielo que nos rodea.
Porque precisamente esa es una de las cosas más bonitas de un eclipse: nos obliga a mirar hacia arriba y a prestar atención a algo que normalmente pasa desapercibido.
Aquí puedes ver más información sobre los fenómenos a contemplar
Escucha lo que ocurre a tu alrededor durante el eclipse
A medida que la luz desaparece y cambia la temperatura, el entorno también puede reaccionar. Los animales pueden modificar su comportamiento y el paisaje sonoro puede adquirir otra dimensión.
Por eso, durante la totalidad, merece la pena hacer algo muy sencillo: guardar silencio durante unos segundos y escuchar como los animales callan y todo alrededor se queda en silencio por unos minutos.
Quizá descubras que un eclipse no es solamente algo que se ve.
En este post de nuestro blog tienes más información
Un momento extraordinario para compartir
Y aquí es donde el eclipse adquiere otra dimensión. Porque hay fenómenos que son espectaculares por sí mismos, pero que se convierten en recuerdos mucho más especiales cuando los vivimos con alguien. Contemplar juntos cómo desaparece la luz, buscar las primeras estrellas, sorprenderse con la corona solar y después comentar lo que acabamos de ver…
Un eclipse no se puede guardar en una caja ni repetir cuando queramos. Pero sí podemos convertirlo en un recuerdo.
Y después del eclipse… que continúe la experiencia. Nuestras casas románticas están pensadas para regalarse tiempo juntos, disfrutar de la tranquilidad y convertir una escapada en algo que recordar.
Después del eclipse toca bajar la mirada del cielo y disfrutar de todo lo que tenemos alrededor: una cena tranquila, una conversación sin mirar el reloj, una copa, un paseo, descansar juntos, incluso un baño en nuestra piscina privada o simplemente disfrutar de la intimidad y el encanto de vuestra casa.
Quizá ese sea el verdadero regalo de un fenómeno como este: que durante unos minutos el cielo nos ofrece algo extraordinario y nosotros podemos convertirlo en una experiencia para recordar mucho después de que vuelva a salir el Sol.
