Hay lugares que no necesitan filtros ni prisas, solo tiempo, y Cogolludo es uno de ellos. Este rincón de la provincia de Guadalajara tiene ese equilibrio tan difícil entre historia, naturaleza y calma rural. Ubicado en un pequeño cerro desde el que se contemplan bellas panorámicas de las terrazas de la Vega del Henares.
Si te alojas en nuestras casitas románticas El Rincón de Monasterio este es un plan redondo para exprimir un día inolvidable.
Historia viva en el corazón de Cogolludo
Empieza el día paseando sin rumbo fijo por su impresionante Plaza Mayor del siglo XVI donde está el ayuntamiento, del siglo XVIII, con su emblemática torre del reloj, y una fuente barroca de cuatro caños. Es una plaza de grandes dimensiones en la que de pronto te sorprende el imponente Palacio de los Duques de Medinaceli, una joya del primer Renacimiento español. Su fachada es de esas que te hacen detenerte, es de tipo almohadillada y recuerda la de los palacios florentinos del quatroccento italiano. Está considerado monumento nacional desde el año 1931. ¿Cómo puede haber algo así en un pueblo tan pequeño? Tómate tu tiempo para admirar los detalles y, si está abierto, entra a curiosear.
Prosigue la ruta visitando la Iglesia de Santa María, edificio de la primera mitad del siglo XVI, se levanta en la parte más elevada de la villa, al pie del castillo. La visita es breve, pero tiene ese encanto auténtico que solo conservan los templos rurales y la maravilla de poder contemplar en su interior un lienzo de José de Ribera, el Españoleto. Este cuadro tiene una historia rocambolesca ya que fue robado en 1986, se dice que por Erik “el Belga” uno de los más famosos ladrones de arte de Europa. La policía lo encontró en 1987 en Bilbao y fue devuelto al templo.
Después se puede visitar la iglesia de San Pedro (XVII) construida sobre una románica y con interesantes tumbas de alabastro.
Sigue ascendiendo por las calles en cuesta hasta alcanzar los restos de su Castillo, situado en lo más alto del pueblo, fue enclave musulmán del que partían las murallas que rodeaban por completo la villa. Fue conquistado por los cristianos siendo sus últimos poseedores la familia Medinaceli
Después, piérdete por las calles empedradas. Casas de piedra, balcones de forja, alguna que otra puerta antigua que parece guardar siglos de historias. Aquí el plan es sencillo: caminar y mirar hacia arriba.
Sabores de la tierra
Disfrutar de la gastronomía de Cogolludo es parte del plan. La gastronomía de la zona es contundente y honesta: asados, migas, productos de caza en temporada y dulces tradicionales. Si encuentras cabrito o cordero asado en carta, no lo dudes.
Y después de comer… sobremesa sin reloj. En los pueblos, el tiempo no se mide en minutos sino en conversaciones.
Pueblos con alma alrededor
Si todavía te quedan ganas de explorar, dedica las últimas horas del día a descubrir algún pueblo cercano como Atienza, con su castillo en lo alto dominando el horizonte, o Hiendelaencina, que conserva la huella de su pasado minero.
Otra opción es simplemente buscar un alto en el camino, sentarte en un mirador natural y dejar que el sol caiga sobre los campos. En esta parte de Guadalajara, los atardeceres no compiten: envuelven.
Y cuando vuelvas a tu casita romántica, con los zapatos llenos de polvo y la cabeza despejada, entenderás por qué esta tierra engancha.¿Te animas a descubrirlo? Reserva una de las casitas románticas de Rincón de Monasterio y ven a descubrir toda la magia y la historia de nuestro entorno.
