Pasear por aldeas o pueblos del interior, perderse por sendas y rutas de montaña, degustar manjares, sabores locales de toda la vida y, al final del día, o cuando creamos oportuno, encontrar nuestro propio refugio en el rincón de monasterio. Donde cuidaran de todos los detalles para ofrecernos experiencias que nos llevan a conectar con la naturaleza y con nosotros mismos en un otoño que invita al recogimiento y al sosiego.

Las instalaciones nos permiten esto y mucho más, pero el entorno casi nos obliga a ello. Disponer de comodidades para realizar una escapada romántica o solamente una ESCAPADA con mayúsculas sin estrés y con tranquilidad, tanta como nosotros queramos.

Vayamos paso a paso y antes de pensar en las Navidades, disfrutemos del otoño, una estación formidable para estar rodeado de naturaleza.

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