En estos días de verano, más allá de las semanas de vacaciones, hay un lugar que está presente en la mente de muchos cuando se acerca el fin de semana: el pueblo.

Las ciudades, en las que actualmente se concentran la mayor parte de la población, se convierten en lugares grises y hostiles en esta época estival que invita, más que nunca, a escaparse y disfrutar del buen tiempo y el entorno natural. Algo que remonta a muchos a su infancia cuando pasaba veranos completos en su pueblo. Y es que en esta época estival la población se divide claramente en dos, los que tienen pueblo y los que no lo tienen. A estos últimos, les invitamos a visitar Monasterio, convertirse en su pueblo de adopción y disfrutar de esos pequeños placeres que están al alcance de nuestra mano: 

- Un paraíso de libertad. En el pueblo podemos movernos fácil y libremente, sin necesidad de coches, disfrutando del placer de pasear. Sin atascos, aglomeraciones y estrés. Todo está a mano y no hace falta quedar ni planificar con tiempo todo. Y si quieres refrescarte, tenemos nuestra ‘playa de interior’, la piscina.

- El tiempo se para. Es pisar el pueblo y los minutos, las horas y los días tiene un ritmo diferente. Muchos se quitan el reloj y no lo echan en falta. Experimentas lo que es vivir sin prisa.

- Territorio de bicicleta. Es la gran aliada del lugar. No hay pueblo sin bicicletas, tanto pequeños como adultos no dudan en subirse a una para moverse con comodidad por sus calles o pasear por caminos y rutas.

- Las noches de verano en el pueblo son únicas. Conocerás lo que es ‘refrescar’ y te pondrás la chaquetilla al caer la noche. Podrás contemplar el cielo estrellado incluso si hay luna llena, podrás pasear alumbrado por su luz.   

Y si disfrutas con las tradiciones, no puedes perderte las fiestas patronales que se celebran a lo largo de todo el verano en los pueblos de la provincia. Escápate de la ciudad y disfruta del mejor verano, el verano en el pueblo.