Habia una vez un pueblecito llamado Monasterio
Que tenía unas casas rurales encantadas, con paredes de piedra y techos de madera, y pronto se convirtió en el rincón de favorito de los que huían de la gran ciudad para disfrutar de unos días de actividades y descanso.
Cuentan las ancianas gentes del lugar, que este pueblecito de la Sierra Norte de Guadalajara, incluido en las rutas más interesantes de la zona y cuyos habitantes se pueden contar con los dedos de una mano, fue antaño un Monasterio.
Quizá tan solo se trate de una leyenda, o quizá no, pero lo que sí es cierto es que Monasterio posee esa magia que sólo existe en los lugares encantados; en la naturaleza.